Cómo se calcula el IMC
La fórmula es sencilla: peso en kilogramos dividido entre la altura en metros al cuadrado. Una persona de 70 kg y 175 cm tiene un IMC de 70 / (1,75 × 1,75) = 22,9.
La Organización Mundial de la Salud clasifica a los adultos así: por debajo de 18,5 bajo peso; de 18,5 a 24,9 peso normal; de 25 a 29,9 sobrepeso; y 30 o más obesidad. Además de tu IMC, la calculadora te muestra el rango de peso que corresponde a un IMC normal para tu estatura.
Para qué sirve
A nivel poblacional, un IMC alto se asocia a mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedad cardiovascular, y uno muy bajo a desnutrición y problemas óseos. Por eso se utiliza como primera criba en consultas y estudios: es barato y no requiere equipamiento.
Limitaciones del IMC
El IMC no distingue entre músculo y grasa. Una persona que entrena fuerza puede tener IMC de sobrepeso con un porcentaje de grasa bajo, y alguien sedentario puede tener IMC normal con poca masa muscular y mucha grasa visceral (el llamado «falso delgado»).
Tampoco tiene en cuenta dónde se acumula la grasa: la abdominal es más relevante para la salud que la de caderas o muslos. Y los rangos de la OMS se definieron sobre poblaciones concretas, por lo que pueden no ajustarse igual a todas las etnias, a personas mayores, a menores o a embarazadas.
Qué hacer con tu resultado
Considera el IMC una pista y no un veredicto. Combínalo con el perímetro de cintura (en general, por encima de 94 cm en hombres y 80 cm en mujeres aumenta el riesgo), con tu porcentaje de grasa corporal, tu analítica y cómo te sientes.
Si tu IMC está fuera del rango normal, no hace falta alarmarse: puede indicar que conviene revisar hábitos de alimentación, actividad y sueño o hablar con un profesional. Marcar una meta de peso razonable y sostenible suele funcionar mejor que perseguir un número concreto.
Ejemplos: tres personas, el mismo IMC
Imagina tres personas de 175 cm y 77 kg, todas con un IMC de 25,1 (apenas sobrepeso). La primera entrena fuerza cuatro días a la semana y tiene un 15 % de grasa: su resultado refleja músculo, no exceso de peso. La segunda es sedentaria con un 28 % de grasa y la cintura elevada: aquí sí conviene actuar. La tercera tiene un porcentaje intermedio y buenos análisis: lo razonable es mantener hábitos.
Este contraste explica por qué los profesionales nunca deciden solo con el IMC. Lo combinan con la cintura, la tensión arterial, el colesterol, la glucosa y la historia clínica.
En personas mayores de 65 años, un IMC ligeramente por encima de 25 puede incluso ser protector frente a la pérdida de masa y la fragilidad. En cambio, un IMC bajo en edad avanzada suele ser una señal de alerta nutricional. Por eso, los rangos se interpretan siempre según la edad y las circunstancias de cada persona.
Si quieres ir un paso más allá, calcula tu porcentaje de grasa con nuestra calculadora de grasa corporal y compáralo con tu IMC: la combinación de ambos dice bastante más que cada uno por separado.
Y recuerda que un número no define tu salud. Dormir bien, moverte a diario, comer de forma variada, no fumar y cuidar tu salud mental pesan tanto como tu IMC, o más. Fíjate metas de hábitos que puedas mantener, como caminar 30 minutos al día o cocinar en casa, y deja que el peso se ajuste de forma gradual.
Si tu IMC es muy bajo o muy alto, o si has perdido o ganado peso sin explicación en poco tiempo, consúltalo con tu médico de cabecera.